BRIHUEGA EL UNIVERSO DE LA LAVANDA EN LA ALCARRIA

 MORANCHEL, GUADALAJARA, Y SU RUTA DE LOS TRAMPANTOJOS  


22/11/2023

En muchos pequeños pueblos, los museos al aire libre se han puesto de moda, convirtiéndose en un atractivo turístico más para visitar. Trampantojos, murales y grafitis coronan las fachadas de algunos municipios de esta provincia, donde artistas de pincel fino, o hábiles con el espray, estampan su firma y descubren su arte, convirtiendo rincones, plazas, y todo tipo de espacios abiertos, en divertidas y curiosas postales de calle.

 

En Guadalajara hay algunos ejemplos palpables de este arte callejero en al menos media decena de municipios. El primero en iniciar su andadura, a lo grande, allá por los años ochenta, fue Escariche. A él siguieron Moranchel, Driebes o La Toba, entre otros. Todos ellos forman hoy parte del dietario turístico de muchos curiosos, deseosos de disfrutar del arte urbano incrustado en muros de callejuelas y rincones castellanos.

 

El boca a boca ha sido la mejor publicidad para promocionar a artistas que, como Asun Vicente, han conseguido transformar un pueblo gris en un municipio lleno de colorido. En su caso, gracias a sus trampantojos, donde, costumbres y paisaje interactúan nítidamente, a menudo, con la climatología.

 

En este diminuto municipio alcarreño, pedanía de Cifuentes y con apenas una docena de vecinos en invierno, Asun Vicente, una reputada artista de Bellas Artes natural de la localidad, comenzaría en el 2006 a dar suelta a su pincel, con el único propósito de ver su pueblo bello y alegre. Fachadas de piedra y adobe desgastadas por el tiempo son, ahora, parte de una ruta de hermosos y joviales trampantojos que desvelan ilusiones ópticas, haciendo famosa a una artista que ha realizado estas obras de forma totalmente altruista.

 

Cada una guarda una historia y refleja ese toque apegado al folklore y la tradición del pueblo, con sus farolas, llaves antiguas, herrajes, banquetas, harinosas, membrillos asados que se comían antaño, o las antiguas ventanas y puertas de madera de sus casas.

 

Su primer trampantojo lo tituló Calle busca ruido. Representa una casa antigua en cuyas ventanas hay un niño y una niña que intercambian roles. A este le seguiría La Panadería, pintado a petición expresa del hijo del último hornero del pueblo. Y en La Floristería se desvela el juego de la artista con los tonos de la lavanda.

 

 Pero Asun dejó ya atrás los grandes formatos y afronta una nueva etapa «más experimental», que ella define como de «arte efímero fugaz». La pretensión de sus trampantojos siempre fue demostrar lo fácil que es mentir por Internet teniendo en cuenta que cualquier persona puede hacerse pasar por otra y montarse en nada un negocio como los que ella pinta. También son una forma de idealizar su pueblo, un municipio que nunca tuvo un negocio de pan ni apenas tiendas. Y no falta un motivo de denuncia ante las carencias básicas que tiene el medio rural.

 

Asun sabe que su arte no durará toda la vida, pero no le duele. Le agrada que los mayores del pueblo hayan variado sus rutinas para ver la 'mini meca' de sus pinturas. Además, ha logrado que la célebre frase de nobel Camilo José Cela, refiriéndose a Moranchel como un pueblo gris y pardo, haya perdido sentido, merced a la creación de estas trampas al ojo. 

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