Plataforma Brihuega 05/04/2026

 

En Brihuega, la piedra habla en voz baja: el viajero asciende desde el Tajuña y ve cómo el castillo de la Piedra Bermeja se recorta sobre la roca rojiza, antigua alcazaba árabe convertida en palacio arzobispal.

 

Con ventanas románicas y protogóticas abiertas al valle y una capilla gótica de transición donde las bóvedas cistercienses conviven con la humildad caliza de la iglesia de Santa María de la Peña y con las cruces blancas del cementerio que tapiza el patio de armas.

 

Mientras casi dos kilómetros de murallas medievales descienden desde ese espolón, cosiendo la ladera con lienzos de mampostería y almenas restauradas, horadados por las puertas de la Cadena, de la Guía, del Juego de Pelota o el arco de Cozagón, que todavía guardan la memoria del centinela insomne y del mercader que llega al mercado de los miércoles.

 

Al cruzar una de esas bocas de piedra, la villa se derrama en barrios cristianos que trepan hacia San Felipe, iglesia del siglo XIII, románica de transición al gótico, de tres naves con bóvedas de crucería, rosetón tallado en estrella y portadas apuntadas sobre canecillos zoomórficos ennegrecidos por el incendio de 1904.

 

Más abajo el barrio de San Miguel se ordena en torno a su templo progótico y mudéjar, de ábside poligonal de ladrillo desnudo, bóveda nervada en estrella y tres naves separadas por arcos apuntados, y alrededor vigilaban la torre cuadrada de San Juan y las fachadas de los conventos de Jerónimas y franciscanos, sobrias arquitecturas de los siglos XVI y XVII.

 

Más íntima todavía late la antigua iglesia de San Simón, pequeño templo mudéjar de estilo toledano, de nave única y ábside semicircular, alzado en aparejo toledano de mampostería y verdugadas de ladrillo con ventanas de arcos ligeramente apuntados, arco de ingreso polilobulado y óculo que muchos estudios ven como huella de la mezquita sobre la que se levantó.

 

A su alrededor las callejas recuerdan la judería —insinuada en la calle de la Sinoga— y la presencia de una aljama que compartió fuero y mercado con cristianos y mudéjares, de modo que cuando uno llega a la Plaza del Coso, con sus soportales, fuentes barrocas de Carlos III y casonas nobles, siente que San Felipe, San Miguel, Santa María, San Juan, San Simón, las murallas y el castillo no son piezas sueltas, sino un solo relato de piedra en el que románico, gótico, mudéjar y barroco se toman de la mano para sostener, siglo tras siglo, el nombre de Brihuega.

BRIHUEGA, JARDÍN DE PIEDRA ENTRE MURALLAS Y CAMPANAS

Necesitamos su consentimiento para cargar las traducciones

Utilizamos un servicio de terceros para traducir el contenido del sitio web que puede recopilar datos sobre su actividad. Por favor revise los detalles en la política de privacidad y acepte el servicio para ver las traducciones.