LOS ORÍGENES IBÉRICOS DE BRIHUEGA Y LA NECRÓPOLIS DEL ARROYO DE LA VILLA

A principios del siglo XX se excavó en el paraje denominado "Arroyo de la Villa" una necrópolis celtíbera con urnas globulares conteniendo cenizas, evidencia clara de que Brihuega fue poblada por pueblos ibéricos varios siglos antes de la Era Cristiana.

 

El nombre mismo "Brihuega" deriva del vocablo íbero "briga", que significa "lugar fuerte o amurallado", nomenclatura que refleja directamente la importancia estratégica del asentamiento en la antigüedad.

 

Este dato arqueológico es frecuentemente omitido de las narrativas convencionales sobre la historia local, que generalmente comienzan con la Edad Media, desplazando milenios de ocupación humana hacia el olvido historiográfico.

 

Los hallazgos en el Arroyo de la Villa sitúan a Brihuega en el contexto de las poblaciones celtíberas del interior peninsular, grupos que dominaban la Meseta Central entre los siglos VI y I antes de Cristo.

 

La presencia de urnas funerarias globulares, característica distintiva de las prácticas funerarias ibéricas, sugiere un asentamiento de cierta envergadura, no meramente una aldea pasajera o temporal. Esta ubicación estratégica en el valle del Tajuña, entre tierras fértiles y vías de comunicación naturales, explica la continuidad poblacional que atravesaría posteriormente toda la historia medieval y moderna de la localidad.

 

Reconocer esta raíz celtíbera no es meramente un ejercicio académico, sino una reivindicación del verdadero origen de Brihuega, anterior incluso a la romanización y al período visigodo, que las historias convencionales sí mencionan.

 

La omisión sistemática de estas evidencias arqueológicas en los relatos tradicionales refleja un sesgo historiográfico común en muchas localidades españolas, donde la Edad Media se presenta como punto de partida de la identidad local, ignorando la riqueza de ocupación que la precede. Brihuega, con su nombre derivado de "briga", representa una continuidad de poblamiento y adaptación humana que abarca más de dos milenios.

 

Los trabajos arqueológicos realizados a principios del siglo pasado, aunque limitados por los estándares científicos actuales, proporcionaron datos irrefutables sobre la existencia de esta comunidad celtíbera ancestral.

 

Estos descubrimientos constituyen una base fundamental para reescribir la historia local desde una perspectiva más completa e inclusiva, integrando el pasado ibérico como parte integral de la identidad de Brihuega y del patrimonio histórico de Guadalajara.

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