BRIHUEGA SE DEPURA: UNA HISTORIA DE PROMESAS POLÍTICAS Y PACIENCIA INFINITA

La historia de la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Brihuega constituye uno de los ejemplos más emblemáticos de cómo la política española transforma las necesidades públicas en promesas electorales perecederas.

 

Desde los años ochenta, todos los partidos políticos, sin excepción, incluyeron solemnemente su construcción en sus programas electorales, nada ocurrió durante cuatro décadas de espera.

 

El proyecto inicial contaba con un presupuesto de dos millones cuatrocientos sesenta y uno mil seiscientos dos euros. La licitación se produjo en 2021 y fue adjudicada a Viales y Construcciones en enero de 2023.

 

Las obras comenzaron ese mismo año con la expectativa de que la infraestructura, diseñada para cuatro mil quinientos habitantes equivalentes, trataría cuatrocientos diez mil metros cúbicos anuales de aguas residuales.​

 

El presupuesto experimentó modificaciones. Aumentó a dos millones ochocientos mil euros por cuestiones técnicas del colector principal, ese pequeño detalle que nadie había contemplado adecuadamente cuando se redactó el proyecto inicial. Es decir, la obra requería un rediseño de lo obvio.

 

La consejera del ramo, explicó que fue necesario un rediseño de la infraestructura por el desnivel del colector que debía bajar el agua residual hacia la depuradora.​

 

Y entonces, como es costumbre en estos teatrillos administrativos, llegaron las declaraciones esperanzadoras. El presidente de Castilla-La Mancha, en octubre de 2024, afirmó con la solemnidad de quien anuncia la resurrección que la depuradora estaría finalizada en 2025.

 

No faltó a su cita con el optimismo institucional la consejera, quien especificó que funcionaría entre octubre y noviembre de 2025. Plazos estos que, considerando que estamos en enero de 2026, han quedado tan rebasados como un Rubicón atravesado descalzo.​​

 

El alcalde de la Villa, agradeció públicamente el esfuerzo económico para dotarse de una infraestructura fundamental. Sus palabras adquieren ese matiz de resignación que caracteriza al que lleva cuarenta años esperando el cumplimiento de una promesa.

 

Su gratitud suena más a alivio porque alguien haya puesto manos a la obra que a entusiasmo por plazos cumplidos. Declaró que es una inversión necesaria que llevaban esperando más de cuarenta años.​

 

Las obras avanzan, dicen. Pero a ritmo de administración pública, que es decir poco, la realidad es que incluso si la infraestructura estuviese terminada mañana, aún faltaría la adjudicación del servicio de explotación y mantenimiento. Proceso que requiere nueva licitación pública y puede prolongarse otro tiempo indeterminado. Sin ella, la planta permanecería muda e inútil, como un Prometeo que consiguió el fuego pero, no puede encender nada.​

 

Otros municipios españoles han padecido dramas similares. La experiencia demuestra que la entrada en funcionamiento de infraestructuras como esta suele requerir más tiempo del anunciado oficialmente. Retrasos sistémicos, problemas administrativos, desajustes entre anuncios políticos y realidad técnica. España es, en materia de infraestructuras básicas, un país de promesas incumplidas elevadas a categoría de arte.​

 

Sería deseable que ahora sí, Brihuega estrene su depuradora este 2026. Una necesidad básica del siglo veintiuno sigue siendo rehén del calendario político y la burocracia. Aunque, siendo justos, algo es algo. Después de cuarenta años, al menos la depuradora ya no es únicamente una promesa, ahora es una obra incompleta, quizás 2026 sea el año de los milagros administrativos.

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