LA PUERTA DE SANTA MARÍA: GUARDIÁN DE SIGLOS EN EL CORAZÓN DE BRIHUEGA

Plataforma Brihuega 23/01/2026

 

La Puerta de Santa María, también conocida por algunos vecinos, como Puerta del Juego de Pelota, es uno de los elementos más emblemáticos del patrimonio medieval de Brihuega.

 

Situada en el extremo norte del Prado de Santa María, esta construcción gótica del siglo XIII ha actuado durante casi ocho siglos como guardiana simbólica e histórica de la villa. Su pasadizo de diez metros, flanqueado por sólidos machones cuadrangulares, transmite al visitante la solemnidad y el peso del tiempo acumulado en sus piedras.

 

Levantada en la segunda mitad del siglo XIII, cuando Brihuega se encontraba bajo la influencia del arzobispado de Toledo, la puerta formaba parte del sistema defensivo que protegía la población.

 

Sus sillares de arenisca y toba calcárea conservan aún las marcas de los canteros medievales, como la característica media luna que algunos artesanos utilizaban como firma. El arco apuntado que preside la entrada es un ejemplo temprano del gótico, reflejo de una arquitectura de transición cargada de valor artístico y simbólico.

 

Más allá de su función militar, la Puerta de Santa María fue un punto clave para la vida económica, social y religiosa de la villa. Por ella accedieron mercaderes, peregrinos y figuras históricas destacadas como Alfonso X el Sabio o el cardenal Cisneros.

 

Era el acceso natural al Prado de Santa María y al Castillo de la Piedra Bermeja, espacio vinculado a la iglesia homónima, templo de transición entre el románico y el gótico, donde se veneraba a la Virgen de la Peña, patrona de Brihuega.

 

El nombre popular de Puerta del Juego de Pelota recuerda su uso como espacio lúdico en época medieval, cuando en sus inmediaciones se practicaban juegos que formaban parte de la vida cotidiana. En su parte superior conserva restos del matacán, elemento defensivo que subraya su carácter militar pese a la elegancia de su diseño.

 

En la actualidad, la puerta se mantiene como un umbral entre el Brihuega moderno y su pasado histórico. Aunque parte de la muralla ha desaparecido, esta estructura permanece como testimonio de la antigua villa fortificada, símbolo del paso del tiempo y metáfora de la continuidad entre historia, arquitectura y memoria colectiva.

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