BRIHUEGA, UN VIAJE SUSPENDIDO EN EL AIRE

Plataforma Brihuega 25/02/2026

 

Surcar los cielos de Brihuega en una barca imaginaria del viento, sostenida por hilos invisibles sobre el valle, es una experiencia que transforma la percepción de este histórico municipio y nos adentra en un mundo de paisajes cautivadores y de piedras que llevan siglos contando su historia.

 

Nuestro viaje comienza al norte del término, donde el barranco de Valdeatienza se abre como una hendidura primigenia en la tierra y nos ofrece, desde las alturas, la primera conexión íntima con la esencia briocense.

 

El soplo del aire nos guía hasta el Parque de María Cristina, desde el que se insinúan los primeros vestigios de la antigua muralla árabe, silenciosa testigo de los avatares del tiempo; junto a ella se alza la puerta de la Cadena, también llamada puerta de Valdeatienza, acceso histórico que ha visto desfilar generaciones de briocenses y viajeros.

 

Mientras prosigue nuestro paseo aéreo, a nuestra izquierda emerge un edificio imponente que los más mayores recuerdan como “la redonda” por su peculiar planta circular: la antigua Fábrica de Paños.

 

Este edificio, hoy transformado en hotel de lujo, no tanto restaurado como cuidadosamente rehabilitado para su nuevo uso, conserva en su interior la memoria intacta de aquellos tiempos industriales; muy cerca se yergue la iglesia de San Felipe, joya arquitectónica de porte solemne y recogido.

 

Siguiendo nuestro rumbo hacia el sur, sobrevolamos la emblemática calle de las Armas, desde donde se adivinan, a lo lejos, los restantes lienzos de muralla; enseguida se nos entrega la iglesia de San Simón, esta sí restaurada recientemente, que ha recuperado para el pueblo el esplendor que el tiempo le había arrebatado.

 

Aunque desde el aire no alcanzamos a verlas, sabemos que bajo la plaza del Coso se esconden unas misteriosas cuevas árabes de los siglos X y XI, legado subterráneo del pasado musulmán de Brihuega; junto a las fuentes del Coso se distingue la antigua cárcel, hoy transformada en oficina de turismo.

 

En la lejanía, la silueta de la iglesia de San Miguel se recorta firme contra el horizonte, marcando casi el final de nuestro trayecto, y, al filo ya del valle del Tajuña, se abre el sereno Prado de Santa María, acompañado por su iglesia homónima, ambos custodiados por la imponente figura del Castillo de la Piedra Bermeja, que guarda en su interior un cementerio colmado de historias y recuerdos.

 

Por el Arco de la Guía se accede al entorno del castillo, desde donde se alcanza a contemplar el convento de San José, que alberga el Museo de la Historia de Brihuega, y, no muy lejos, el soberbio Arco de Cozagón, llamado en otros tiempos puerta de Toledo.

 

Finalmente, con una hábil maniobra, nuestra barca de viento desciende lentamente y se posa en el ruedo de la plaza de toros La Muralla, poniendo fin a esta travesía que nos ha permitido descubrir, desde una perspectiva única, la esencia y el alma de Brihuega: un viaje que no solo nos acerca a sus paisajes, sino también a la rica historia que late en cada rincón de este municipio alcarreño.

 

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