BRIHUEGA Y LAS PROMESAS AL OÍDO DEL PARQUE DE MARÍA CRISTINA

Plataforma Brihuega 17/02/2026

 

El Parque de María Cristina, también llamado con toda propiedad Las Eras del Agua, lleva más de un siglo practicando el difícil arte de escuchar sin interrumpir. Ha visto pasar generaciones de briocenses, meriendas, verbenas y confidencias al atardecer, y ahora contempla, entre ramas y bancos cansados, un proyecto de reforma que le han susurrado desde el Ayuntamiento.

 

El viejo parque, que ya se sabe refugio climático de la villa, ha aprendido que las grandes transformaciones empiezan siempre en un plano bien dibujado y en una promesa dicha al micrófono.

 

Las promesas contadas al oído

Aquella tarde, el alcalde y los arquitectos le contaron a los vecinos —y, de paso, al propio parque— que llegaría un diseño más natural y sostenible: menos pavimento, más tierra que respirar y más arbolado para desplegar sombras nuevas sobre charlas de siempre.

 

Le prometieron hileras de árboles recuperadas, bancos nuevos donde seguir deshaciendo el mundo a base de conversación tranquila y un escenario con cubierta vegetal que recordara, con elegancia, al antiguo kiosco de música que aún resuena en la memoria.

 

Se habló también de una zona infantil renovada, con juegos y chorros de agua que salten del suelo como risas, de una zona de restauración sin elementos que “afean” el entorno y de aseos discretamente trasladados, como quien retira del salón lo que nunca debió estar tan a la vista.

 

El verano que aguarda

El Parque escuchó atento lo de la accesibilidad universal, imaginándose rampas amables, caminos sin tropiezos y carritos de bebé paseando sin pedir permiso a los bordillos. Sonrió, o lo más parecido a sonreír que puede hacer un parque, al oír que se conservaría su fuente principal, que se repensarían las secundarias y que habría más agua, pero esta vez bien canalizada, sin necesidad de llorar por las esquinas para reclamar atención.

 

En silencio, se prometió a sí mismo estar listo para cuando llegue el verano en que Brihuega vuelva a llenarlo de tertulias, helados y fiestas, con la naturalidad de siempre, pero vestido, por fin, con el traje digno que le han descrito con tanto entusiasmo.

 

Que la espera no sea eterna

Mientras tanto, Las Eras del Agua practica la paciencia y la fina ironía: sabe que las palabras “proyecto abierto a la participación ciudadana” suenan tan bien como un vals en la banda municipal, siempre que después la partitura se toque de verdad sobre el escenario prometido.

 

Los vecinos ya han aportado ideas, matices y recuerdos que quieren ver convertidos en senderos, bancos y sombras, y el parque, que los ha oído comentar durante décadas, confía en que esta vez sus voces no se queden archivadas junto a las actas del acto de presentación.

 

Así que María Cristina espera, verde y algo desconchada, a que las máquinas entren no para borrar su historia, sino para cumplirla: que el pavimento se reduzca, que los árboles crezcan, que el agua juegue y que Brihuega pueda reconocer, en la reforma, al mismo parque de siempre… pero por fin tratado como lo que es, el salón de verano de toda una sociedad briocense que no está dispuesta a dejar que sus promesas se evaporen.

 

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