Plataforma Brihuega 07/04/2026

 

Brihuega perdió hace más de un siglo una de las piezas clave de su muralla: la Puerta de San Felipe. Aquel acceso, hoy borrado del paisaje urbano, fue protagonista directo del asalto borbónico de 1710 durante la Guerra de Sucesión.

 

La muralla de Brihuega, levantada entre los siglos XII y XIII, cercaba la villa con un robusto cinturón defensivo jalonado por puertas y portillos. En el sector donde hoy arranca la actual avenida Constitución se abría la Puerta de San Felipe, vinculada a la iglesia homónima y defendida por un torreón que más tarde sería campanario del templo.

 

Ese cubo de muralla, de planta octogonal, es el único vestigio físico reconocible del antiguo acceso, visible aún sobre el lienzo defensivo que cae hacia el valle del Tajuña.

 

En diciembre de 1710, las tropas de Felipe V cercaron Brihuega, ocupada entonces por los aliados del archiduque Carlos y mandada por el general inglés James Stanhope. La crónica de la batalla relata cómo la artillería real abrió fuego contra la Puerta de San Felipe hasta hacerla “saltar hecha astillas”; por esa brecha penetraron las columnas de asalto que tomaron la villa calle a calle.

 

Bajo orden directa del monarca, la puerta fue destruida para permitir el avance de la infantería y los cañones, convirtiéndose en una de las escenas más crudas de aquel combate que selló el futuro borbónico de la Corona española.

 

La devastación fue enorme: casas arrasadas, templos dañados —entre ellos la propia iglesia de San Felipe— y un elevado número de muertos y heridos que obligó a Felipe V a conceder a la villa un amplio perdón fiscal en 1711, en reconocimiento a lo padecido durante el sitio y el asalto.

 

Entre finales del siglo XIX y los primeros años del XX, la presión del tráfico y las reformas del viario aceleraron el derribo de restos incómodos de la muralla. Diversos estudios de patrimonio local señalan que entonces se eliminaron los últimos vestigios de la Puerta de San Felipe, integrando su espacio en el arranque de la actual avenida Constitución, mientras la antigua torre‑cubo quedaba fijada como campanario aislado de la iglesia.

 

Hoy, quien recorra Brihuega apenas encontrará un eco visible de aquella entrada desaparecida. El paseo por la avenida Constitución no deja adivinar ya el estrecho paso fortificado que allí se abría, pero basta levantar la vista hacia la airosa torre de San Felipe, asentada sobre la vieja muralla, para imaginar el arco derribado por los cañones borbónicos en 1710.

 

La Puerta de San Felipe se ha diluido en el trazado moderno, pero sigue muy viva en la memoria histórica de una villa que convirtió su destrucción en símbolo de resistencia y en hito decisivo de la Guerra de Sucesión.

LA PUERTA DE SAN FELIPE DE BRIHUEGA: DEL ASALTO DE 1710 AL VACÍO EN LA AVENIDA CONSTITUCIÓN

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