
Plataforma Brihuega 18/05/2026
Gumersindo del Moral, conocido popularmente como “el tío Pocoseso”, no nació ni vivió en Brihuega, aunque la villa acabó haciéndolo suyo. Había nacido en 1845 en Villaviciosa de Tajuña, donde trabajó como albañil, formó una familia y llevó inicialmente una vida acomodada.
Sin embargo, él, su esposa y sus hijos acabaron implicados en numerosos delitos relacionados con hurtos y robos, aunque nunca se le vinculó con crímenes de sangre.
La fama de Pocoseso se extendió por toda la Alcarria debido a las historias sobre sus continuas fugas y robos. La más conocida cuenta que salía por las noches de la cárcel de Brihuega para cometer robos y regresaba antes del amanecer, repartiendo el botín con el alcaide y otros funcionarios de la prisión. Aquellos hechos dieron lugar al célebre “robo de Brihuega”.
El primer golpe importante tuvo lugar el 13 de agosto de 1891, cuando, junto a varios cómplices y presuntamente con ayuda de los responsables de la cárcel, robó en el molino de Agustín Castillo sin despertar sospechas.
El grupo cometió el error de intentar asaltar la casa de Antonio Hernández, director general de Penales y figura influyente tanto en Brihuega como en Madrid. La gravedad del intento provocó una gran investigación dirigida por las autoridades y la Guardia Civil, que terminó con la detención y condena de los implicados.
En 1892, mientras esperaba traslado a un penal, Pocoseso protagonizó junto a su hijo Andrés una espectacular fuga de la cárcel de Brihuega. Escalaron el techo del calabozo, atravesaron la escuela de niños y huyeron al campo. La noticia apareció en la prensa nacional y aumentó todavía más su leyenda.
Durante casi dos años, padre e hijo recorrieron caminos de la Alcarria y de la Sierra de Guadalajara, asaltando arrieros y comerciantes en lugares como Atienza, Cogolludo o Sigüenza, hasta ser capturados en 1894. Finalmente, a Gumersindo solo pudieron demostrarle el robo de ganado en las cercanías de Brihuega.
Fue enviado al penal de Tarragona, donde murió el 9 de enero de 1901, a los 56 años. Su hijo Andrés continuó la tradición familiar y también escapó del penal de Zaragoza en 1899.
Quienes le conocieron nunca entendieron por qué eligió la delincuencia, pues contaba con una casa acomodada y tierras en Villaviciosa. Algunos atribuyeron el inicio de su vida criminal a la muerte temprana de sus padres y a la necesidad de mantener a sus hermanos. Su figura terminó convertida en personaje popular de romances y coplas que aún recuerdan sus robos “estando preso”.
Nunca se vio otro suceso,
ni cometer con tal tino,
en pueblo, iglesia y molino,
tres robos, estando preso…
Del libro Brihuega Crónica Negra, de Tomás Gismera Velasco