Margarita y Brihuega, una historia de compromiso

MARGARITA Y BRIHUEGA, UNA HISTORIA DE COMPROMISO CON EL PATRIMONIO 

Plataforma Brihuega 11/07/2026

 

Margarita de Pedroso y Sturdza fue una mujer difícil de encerrar en una sola definición. Nacida en Bruselas en 1911, hija del diplomático Luis de Pedroso y de la princesa moldava Marie Sturdza, creció en un ambiente culto y cosmopolita.

 

Pintó, escribió poesía y ensayo, ejerció el periodismo y frecuentó los círculos literarios más inquietos de la España anterior a la Guerra Civil. Con apenas veinte años publicó Hacia Galilea en la Revista de Occidente.

 

En aquellos años conoció a Juan Ramón Jiménez. La relación parece haber sido, sobre todo, una amistad intelectual: Margarita admiraba al poeta y este alentó sus primeros escritos. Sin embargo, Juan Ramón sintió por ella una intensa fascinación, considerada generalmente un amor platónico. Años después, la escritora evocó aquella amistad en su poemario Rosas. Historia de infancia y amor, publicado en 1939.

 

Una parte esencial de su biografía se encuentra en Brihuega. Llegó a la villa en la década de 1970, cuando trabajaba en decoración de interiores. Impresionada por su belleza y por el deterioro de algunos edificios, compró la antigua Casa de los Gramáticos, levantada junto a la muralla en el siglo XVII, la rehabilitó y la convirtió en su hogar.

 

El inmueble, conocido también como El Dómine, había sido escuela para enseñar a leer y escribir a los niños. Después perteneció al periodista Manu Leguineche y actualmente es propiedad del Ayuntamiento, para convertirla en una casa-museo para preservar su legado y en la sede oficial de la Cátedra de Periodismo Manu Leguineche.

 

Margarita no fue una simple visitante. Comprendió que admirar el patrimonio no bastaba: había que protegerlo, implicar a los vecinos y buscar recursos. En 1978 impulsó la Asociación de Amigos de Brihuega, dedicada a defender el patrimonio artístico, los paisajes y los rincones tradicionales de la villa.

 

Desde esta entidad se promovieron actuaciones en la iglesia de San Miguel, la antigua cárcel de Carlos III, distintos tramos de la muralla y los jardines de la Real Fábrica de Paños, donde comenzaron a celebrarse conciertos.

 

Su labor permite considerarla una pionera de la conservación moderna del patrimonio briocense. Se adelantó a una idea hoy evidente: los monumentos no son piedras aisladas, sino parte de la memoria, la identidad y el futuro cultural de un pueblo.

 

Margarita murió en Madrid en 1989. Brihuega mantuvo vivo su recuerdo dedicándole una calle y diversos homenajes. Su mejor legado fue enseñar a mirar la villa con otros ojos y comprender que conservarla era también proteger su historia para las generaciones futuras.
 

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